Atrapado en el tráfico, recibe fotos provocadoras de quien le espera en casa. Entre mensajes y una videollamada, la cena se convierte en una promesa imposible de resistir.
Miro el reloj.
19:40 h.
Y yo aquí, atrapado en este tráfico infernal. Ya debería estar llegando a casa, listo para que me recibieras con tus deliciosos besos.
El coche de delante toca el claxon.
El locutor de la radio anuncia la próxima canción.
Llevo aquí parado 20 minutos. Y ya estoy harto.
El móvil avisa de un mensaje.
"¿Dónde estás?", preguntas.
Hago una foto a la fila de coches que tengo delante.
"No sé a qué hora llego". Y la envío.
Vuelve a sonar.
Recibo una foto tuya vestida con un delantal rojo junto a los fogones.
"Qué pena... Estoy preparando la cena".
"Espero llegar a tiempo".
Hago zoom en la foto.
El pelo un poco despeinado te da un aire travieso.
Una mirada que tiene tanto de inocente como de sensual.
Esa sonrisa pícara a la que no sé resistirme.
Deslizo la imagen hasta el delantal.
Pero... acerco la cara a la pantalla.
¡La tela del delantal deja entrever tus pezones!
Me río. Solo tú para cocinar sin camiseta.
Sigo observando la foto y me fijo en tus piernas. Desnudas.
Intento ampliar más la imagen y vislumbro la tira negra de unas bragas en tu cadera.
¡Joder! ¡Justo hoy tenía que haber tráfico!
Recibo otro mensaje que solo dice: "Menú".
Antes de poder responder empiezo a recibir fotos.
"Entrantes"
Tus pechos redondos llenan mi pantalla. Tienes los pezones duros y erguidos, listos para que los pruebe y saboree.
"Plato principal"
Abro la foto y mi corazón se acelera. Estás sentada en el borde de la mesa. El delantal tirado a un lado. Manos detrás de la espalda. Piernas abiertas. Las bragas negras colgando del pie. Y en el centro de esta visión, tu vagina exuberantemente expuesta.
No resisto hacer zoom.
Me deleito mirándote e imaginando mi lengua jugando con tu clítoris húmedo.
¡Quiero probarla!
"Postre"
Tus nalgas aparecen en la pantalla. El culo provocativamente levantado. En la nalga izquierda, la marca de una mano hecha con harina.
"¿Quiere hacer una reserva?"
"¡Sí!", respondo sin dudarlo.
El bulto en mis pantalones ya se nota y empieza a incomodarme.
El tráfico avanza un poco, pero no lo suficiente para sacarme de aquí.
El móvil suena con una videollamada tuya. Atiendo.
Vuelves a llevar puesto el delantal.
"Me han gustado mucho las fotos", digo sonriendo.
"¿Ah, sí? ¿Quieres más?"
"No veo la hora de llegar…"
"No hace falta. Vamos a cenar."
Dejas el móvil apoyado en algo, grabando la mesa.
El tráfico avanza un poco, pero enseguida se detiene.
Te diriges a la mesa y te apoyas en ella.
Pasas las manos por los lados de tu cuerpo, levantando el delantal y mostrando tus hermosas piernas.
Te giras, apoyas una mano en la mesa, levantas el culo y te das una palmada en la nalga, soltando un gritito travieso.
"¿Qué estás haciendo?", pregunto riendo.
No respondes, solo miras fijamente al móvil y sonríes.
Vuelves a apoyarte en la mesa, llevas la mano al cuello y desatas el lazo que sujeta el delantal.
La parte superior del delantal cae y queda colgando de tu cintura.
"¡Ups!", y ríes maliciosamente.
Tus deslumbrantes pechos quedan expuestos.
Ojalá estuviera ahora agarrándolos, chupándolos, mordisqueándolos...
Siento que mi pene vuelve a endurecerse. Pongo la mano sobre los pantalones para calmarme.
Coges un tubo de salsa de chocolate y empiezas a dejarla caer sobre tus pechos.
Dulces caminos empiezan a trazarse sobre tu piel. Deliciosas gotas pintan ese cuerpo en el que quiero perderme.
Suelta el chocolate y pasas un dedo por tus pechos, llevándolo después a la boca.
Atrevida, chupas el dedo mientras la otra mano acaricia los pezones.
Llevas ambas manos a los pechos y los aprietas, embadurnas de chocolate, juegas con los pezones tirando de ellos.
Te giras de espaldas y desatas el lazo del delantal de la cintura, dejándolo caer a tus pies.
Pasas las manos por las nalgas, separándolas, apretándolas y pellizcándolas, dejando un rastro de chocolate.
Te sientas en el borde de la mesa con las piernas cerradas.
Llevas cada uno de los dedos a la boca, rozándolos con los labios antes de chuparlos con ganas hasta dejarlos sin rastro alguno de chocolate.
Abres las piernas despacio, mirando fijamente a la cámara. Provocadora.
Bajas una mano hasta tu vagina.
Tocas despacio tu clítoris, ese centro de placer.
Sueltas un leve gemido.
Empiezas a tocarte. Despacio, disfrutas de tu cuerpo. Un recorrido de movimientos circulares, interrumpido por suaves tirones.
No aguanto más. Siento que en cualquier momento se me van a romper los pantalones.
Me los desabrocho y meto la mano por debajo de los boxers, agarrando mi pene duro.
Empiezo a masturbarme lentamente intentando no llamar la atención.
Bajas más la mano hasta la entrada de tu vagina.
Sin dificultad dejas entrar dos dedos, soltando un gemido de deleite.
Dejas que los dedos recorran el interior de tu intimidad y salgan sin prisa, saboreando el momento.
Miro el coche de al lado. El conductor está distraído mirando el móvil. Pero por su expresión no está teniendo una visión tan apetitosa como la mía.
Bajo ligeramente los boxers y dejo salir mi pene. Casi duele de lo erecto que está.
Empiezo a tocarme a la misma velocidad que tú. Movimientos lentos, pero fuertes.
Estoy tan excitado que se me escapa un gruñido de deseo.
Paras los movimientos, sacas los dedos de tu interior y sonríes provocadoramente.
Has entendido lo que estoy haciendo y lo estimulado que estoy al verte.
Llevas los dedos a la boca, los lames y chupas dejándolos bien mojados. Después vuelves a introducirlos en un movimiento profundo.
Gimes. Y aumentas la velocidad.
No resisto y también aumento la rapidez e intensidad de mis movimientos.
Ya no puedo preocuparme por el conductor de al lado ni por el tráfico caótico.
Solo te quiero a ti.
Quiero seguir viéndote disfrutar.
Quiero disfrutar contigo.
Te tumbas sobre la mesa, doblas las piernas apoyando los pies y tus gemidos se convierten en gritos.
Empiezas a arquear la espalda. Y sé que estás a punto de llegar.
Mi pene late, listo para liberar toda su exaltación.
Gritas descontrolada, arqueas la espalda, echas la cabeza hacia atrás.
Y culminas en un momento lleno de excitación y belleza sexual.
Te veo tener un orgasmo intenso y yo tampoco aguanto más.
Solo tengo tiempo de sacar un pañuelo de papel de la guantera y contener el líquido caliente que brota de mi miembro.
Apoyo la cabeza en el asiento, cierro los ojos y gimo de satisfacción.
¡Qué locura!
¡Qué mujer!
El sonido de un claxon detrás de mí me despertó de mi éxtasis.
Abro los ojos y veo que el tráfico ha empezado a fluir. Enciendo los cuatro intermitentes y pido disculpas a los conductores que empiezan a esquivar mi coche.
Me acuerdo del móvil, pero cuando miro ya has terminado la llamada.
Tengo un mensaje tuyo.
"Te espero".
Termino de limpiarme y voy hacia casa tan rápido como puedo.
Te deseo, deseo tu cuerpo y tu placer.
Llego y aparco en el garaje, respiro hondo y recuerdo lo que ha pasado.
Estás loca y me vuelves loco.
Un suave golpe en el cristal me hace volver al presente.
Miro por la ventana y te veo con el delantal rojo, bragas negras de encaje y una sonrisa pícara.
Salgo del coche y te beso con deseo.
Me sonríes.
"La cena está lista."
Y te vas hacia casa.
Observo tus apetitosas nalgas salpicadas de chocolate.
La cena está lista.
Y yo no veo la hora de saborearla.
Escrito por Helena Nunes.
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